
Otello es una ópera en cuatro actos con música de Giuseppe Verdi y libreto de Arrigo Boito, a partir de la obra de Shakespeare, Otelo. Fue estrenada en el Teatro alla Scala de Milán, el 5 de febrero de 1887.
Evidentemente, uno de los personajes más importantes de la obra, además de Otello y Desdémona, es Iago, interpretado por un barítono. Una de las partes más conocidas de la obra es su Credo, parte del segundo acto. Otras partes destacables son el dueto de amor del primer acto, la canción del sauce y el Ave Maria, interpretadas por Desdémona en el cuarto acto, y toda la escena final, del asesinato de Desdémona y el suicidio de Otelo.
Acto I
LLega Otello, un general moro del ejército de Venecia. Otello proclama la victoria sobre los turcos luego de lo cual ingresa a su castillo. Su lugarteniente, Iago, se enfada pues uno de sus rivales, Cassio, ha sido promovido a capitán, y trama su propio ascenso avivando los deseos secretos de Roderigo, un dandi veneciano, hacia la mujer de Otello, Desdemona. Mientras tanto, los chipriotas se reúnen alrededor de una fogata. Iago, encabezando una canción de brindis (“Inaffia l’ugola”) fuerza al ebrio Cassio a beber un brindis por Otello y su novia; el lugarteniente luego provoca el enfrentamiento entre Roderigo y el embriagado Cassio. Otello, despertado por el barullo de la pelea, salió furioso a exigir una explicación; Iago simula ignorar las causas de la situación. Mientras Desdemona se une a su marido, éste degrada a Cassio, ordenándole a Iago reestablecer el orden. Otelo y Desdemona, solos, tiernamente recuerdan su noviazgo (“Ginella notte densa”) y se besan tres veces antes de regresar al castillo.
Acto II
En el jardín del castillo, Iago aconseja a Cassio buscar la ayuda de Desdemona para ser disculpado por Otello y recobrar su honra. Cassio se marcha, dejando a Iago quien comienza a describir a su creador, un cruel demonio que le propone ideas malignas (“Credo”). Cuando Otello regresa, el lugarteniente hace algunas insinuaciones sobre la fidelidad de Desdemona mientras la veían en el jardín con Emilia (esposa de Iago) y Cassio; a pesar de ello advierte al general que los sentimientos de celos no son buenos. Mujeres, niños y marineros llevan flores a Desdemona, cuya belleza debilitó las sospechas de Otello, pero cuando ella le propone la rehabilitación de Cassio, el general se vuelve totalmente irritable. Temiendo que su esposo esté enfermo, ella intenta tranquilizarlo colocándole un pañuelo sobre la frente, el cual él arroja al suelo furiosamente. Desdemona, confundida, declara su devoción, mientras Iago furtivamente arrebata el pañuelo de la mano de Emilia, quien lo había recuperado. Cuando la mujer se va, Otello acusa a Iago de destruir su paz mental. Éste responde a la demanda del general corrigiéndole no sólo que él mismo había oído a Cassio murmurar el nombre de Desdemona en sueños (“Era la notte”) sino que también le dijo que había visto en la mano de Cassio el pañuelo de la frutilla bordada que Otello le había dado a su mujer cuando se comprometieron por primera vez. Ayudado por Iago, Otello jura venganza (“Si, piel ciel”).
Acto III
En la armería, Iago le dice a Otello que se acercaba una prueba que terminaría de convencerlo de la realidad y se marcha cuando Desdemona ingresa al lugar para saludar a su esposo (“Dio to giocondi”). Otello insinúa sus sospechas a Desdemona, pero ella no acaba por entender lo que su marido le intentaba decir. Cuando él le solicita el pañuelo que una vez le había dado, ella nuevamente ruega por Cassio, conduciendo a que Otello le llamara cortesana. Desconsoladamente, Desdemona jura su inocencia, pero su marido le pide retirarse del lugar. Encolerizado por la situación, Otello desea que el cielo le hubiera hecho pagar con alguna otra aflicción, pero no esta (“Dio! Mi potevi scagliar!”). Al oír acercarse a Cassio e Iago, el general se esconde presurosamente. El lugarteniente, ondeando el pañuelo, manipula las bromas de Cassio sobre su amante, Bianca, con ello, Otello cree que estaban bromeando acerca de Desdemona. Cassio se retira cuando las trompetas anuncian a los dignatarios de Venecia. Otello jura matar a su esposa. En el gran salón, la corte ingresa para dar la bienvenida a Ludovico, el embajador, quien presenta papeles según los cuales se requiere que Otello se traslade a Venecia y que se nombre a Cassio como gobernador. Otello pierde el control y arroja a Desdemona al suelo. Ella ruega que le perdonase por su supuesto crimen. Los cortesanos intentan consolarla, pero Otello les ordena retirarse. Mientras el gobernador cae inconsciente, Iago lo saluda irónicamente como el “León de Venecia”.
Acto IV
En su dormitorio, Desdémona conversa tristemente con Emilia, recordando una triste canción que aprendió de una sirvienta de su madre. Cuando Emilia se marcha, Desdémona, llena de tristes presentimientos, le dirige un adiós lleno de sentimiento. Ya sola en su habitación, canta de rodillas el “Ave María”, Entra Otello y tras contemplar a su esposa dormida, apaga la vela, avanza hacia el lecho y la besa tres veces. Ella entonces se despierta y Otello le pregunta si ha pedido perdón a Dios por sus pecados y vuelve a acusarla de haberle traicionado con Cassio. Desdémona lo niega una vez más, pero Otello le asegura que nada podrá salvarla. Después de negarle un instante que ella le pide para orar, la ahoga con una almohada. Aparece ahora Emilia y dice a Otello que Cassio ha dado muerte a Rodrigo, que le había atacado. Horrorizada al descubrir el cuerpo de Desdémona en sus últimos momentos Emilia pide socorro y aparecen Cassio y otros cortesanos. Emilia revela el complot de Yago, y éste huye, perseguido por los soldados. Otello, arrepentido por la monstruosa injusticia que acaba de cometer con Desdémona, hunde en su cuerpo un puñal, besa a Desdémona por última vez y muere
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